Normalmente nos fijamos en muchísimas cosas a la hora de tenerlas como centro u objetivo de una fotografía: flores, paisajes, coches, personas, objetos… en definitiva, un larguísimo sinfín de cosas que atraen nuestra atención rápidamente, pero no debemos olvidar la luz… y no debemos olvidar el Efecto Tindall.
El Efecto Tyndall es el fenómeno que ayuda por medio de la dispersión de la luz a determinar si una mezcla homogénea es realmente una solución o un sistema coloidal, como suspensiones o emulsiones. Recibe su nombre por el científico irlandés John Tyndall. Por ejemplo, el efecto Tyndall es notable cuando los faros de un automóvil se usan en la niebla. La luz con menor longitud de onda se dispersa mejor, por lo que el color de la luz esparcida tiene un tono azulado.
Gracias a la luz podemos hacer fotografías maravillosas, siempre y cuando se den las condiciones para ello. Un ejemplo podría ser cuando la luz se filtra de forma parcial por una nube oscura, algo que da lugar a un efecto muy curioso en el que se ve claramente un halo fotografiable.
Eso sí, práctica y más práctica, y es que se necesita mucha para hacer una foto de este tipo en condiciones, ya que el exposímetro no va a medir correctamente con casi total seguridad, por lo que lo más recomendable es sacar muchísimas tomas variando valores (si podemos tirar de bracketing pues mejor) y luego nos quedamos con la que nos valga.
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